Y ahora ¿qué?

Por Elena 

El fin de semana pasado me dediqué a ayudar a un amigo que está buscando departamento. La verdad estábamos estudiando para su examen de título, pero en algún punto en la ida a comprar más café terminamos pasando a los edificios en mi calle a preguntar si había alguno disponible para que él arrendara.

Con su polola. Porque quiere irse a vivir con ella.

Puede que suene raro decirlo a los 26 años, pero aún me cuesta asumir que no tengo 15. O sea, sé que no los tengo, me doy cuenta de mi edad, esto no es un tema de cifras o de vejez, esto pasa por asumir la capacidad que cada uno tiene de hacer cosas y tomar decisiones.

Como se pueden dar cuenta fue un fin de semana de introspección y crecimiento personal. También vi mucha animé y tomé helado.

Hay cosas que han venido solas en la vida, como salir del colegio. Terminar la enseñanza media, hacer las maletas y venirme a Santiago a comenzar la universidad fue uno de los pasos más importantes que he dado, ya que se transformó inexorablemente en mi ida de la casa. Y en ese minuto no me dí cuenta de lo que estaba haciendo, ni de lo importante que era, fue lo más lógico y tampoco le di más vueltas. Eso me hizo pensar que a lo mejor no le tomo el peso a las cosas que hago y que van moldeando mi vida día a día.

Tal vez por eso hasta hoy no caigo en cuenta de que la vida está basada en decisiones. Tal vez por eso es que se me olvida cuantos años tengo y la capacidad de elegir que existe. Tal vez por eso, a veces, hago puras estupideces.

Esa es una constante en mi vida. Hacer lo que siento que es correcto, sin analizar más allá cuales son las consecuencias de mis actos. No quiero decir que sea una loca libertina, de hecho soy bastante precavida la mayor parte del tiempo. Pero hay una parte de mi que simplemente hace cosas que cree están bien, aun cuando la experiencia me demuestre otra cosa.

En contraparte a eso, hay un millón de cosas que podría estar haciendo en este instante y que no hago, porque no se me ocurren, porque se me olvida que tengo edad para hacerlo o porque siempre hay algún pero menor que me detiene. Como estudiar. Como ser famosa. Como irme del país. Como estar en el central park haciendo jogging, aunque me cargue hacer deporte y la escena más cercana a la realidad sería estar comiéndome un hot dog en el Madison Time Square.

Supongo que hay metas en la vida que en algún momento me hicieron mucho sentido, pero que en camino se fueron desvaneciendo. Hay cosas que antes quería hacer y que a ratos recuerdo, pero que ya no me llaman la atención. O que no recordaba que quería.

Por eso ver a mi amigo con los ojos brillantes contándome las ganas que tiene de irse pronto a vivir con su novia me llegaron tanto e hizo que me preguntara ¿Cuándo llegará el día en que sueñe algo así y tome una decisión tan importante?

Es loco pensar en como las decisiones que tomamos van moldeando nuestra vida minuto a minuto. Y como los errores nos van llevando por caminos que jamás pensamos que tomaríamos. Yo nunca soñé cuando niña lo que tengo ahora. De hecho, a los 11 mi plan era estar casada a esta edad… con Zac Hanson. Al menos él cumplió el sueño y es un hombre de familia. El problema es que no es conmigo.

Hasta hace unos meses mi plan de vida era encontrar un mejor trabajo y arrendar un departamento para volver a vivir sola. Pero ahora que lo tengo (y lo agradezco) me pregunto ¿Y ahora qué?

Sé que ya no tengo corazón, o que por lo menos no estará habilitado para el uso por un buen tiempo más, así que no me aventuraría a decir que una pareja es lo que viene en mi vida, pero sí creo que es momento de tener sueños nuevos. Por ahora me estoy refugiando en la fotografía y en el dibujo.

No quiero decir que me esté reencantando con la vida y las posibilidades que nos da a diario, porque sonar así de positiva sería demasiado raro en mi. Sin embargo, creo que escribir esta nota es un recordatorio a que tengo muchas cosas por hacer, sólo falta descubrir cuales son.

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