Mi amiga, su novio y yo (cuando tres son multitud)

Por Elena

No quiero sonar cruel, aunque me he dado cuenta que es un rasgo hereditario que viene conmigo en algún cromosoma, ya que la maldad se me sale hasta por los poros sin darme cuenta, pero hay momentos cuando uno ha terminado una relación, que quiere mandar a los amigos a freír monos.

Y sí, sé que hay momentos cuando uno está destruido y con el corazón roto, que los amigos quieren mandarlo a la cresta a una también.

Pero es que en hay una etapa después de terminar, que me parece haber mencionado en otra entrada, en la que uno es incapaz de estar cerca de otra pareja. Y es justo en ese momento, que no falta la amiga buena onda que por hacerlo mejor, te invita a salir con su pololo y te toca aguantarte sus besos, sus cariños, sus palabras románticas y añuñuis.

Recuerdo cuando mi mejor amiga terminó hace unos años y yo estaba con mi primer pololo. Ella me avisó que vendría a Santiago y yo le dije que nos juntáramos, su única petición fue: que no esté tu pololo, no me siento capaz de ver a una pareja en este momento. Y lo encontré totalmente entendible. De hecho apoyé la idea. No hay nada mejor que la reunión femenina post ruptura para desearle lo peor al ex y comenzar a hacer listados de todos sus defectos, para justificar el fin de la relación.

Entonces ¿Por qué hay gente que insiste en encajare el pololo a una?

Hace unos días me junté con unos amigos que son pareja y cuando me volvía a mi casa me di cuenta que no me había molestado en lo más mínimo. ¿El motivo? Ellos no parecen pareja. No se toman de la mano, no se dicen “mi amor”, no son de esos novios pegotes. Ellos son dos individuos totalmente independientes y me encanta. Estoy sonando increíblemente amargada ¿cierto?

Me molesta que la gente no entienda que esas cosas de verdad son incómodas. Si de por si me estresa el amor cuando estoy emocionalmente estable, en las circunstancias del desamor cualquier signo de romanticismo es definitivamente inaceptable para mi. Si me molestan las parejas en la calle, los comerciales románticos, las películas de amor, ver a mujeres con flores y cara de enamoradas, ¿cómo no me va a molestar que las amigas con las que me voy a juntar, anden con el pololo para todas partes cuando es lo que menos necesito?

Sí, suena egoísta y lo es. Pero ¿quién dice que un corazón roto no está predestinado en volverse egoísta? Cuando te das cuenta que la persona que estaba contigo y que juraba que deseaba y hacía lo mejor para ti es la que te destroza, no queda nada más que comenzar a pensar en uno y solamente en uno para reponer el daño hecho. Y bajo esa premisa, hay que evitar todo lo que hace mal.

Supongo que cuando uno termina se da cuenta de que realmente tres son multitud.

Ahora, veamos ¿qué es peor que salir con la amiga y su pololo? Salir con dos amigas y sus pololos. Eso también me pasó. Y no fue divertido, porque eran besos en stereo. Y yo era la única sola en la mesa. Me sentía patética. Era evidenciar lo que me falta. Era meter el dedo en la llaga, un golpe en los cocos, que no tengo. Era como repetir una y otra vez en mi cara que estoy sola.

Y eso no se aguanta por mucho rato.

Me tomé el margarita lo más rápido que pude y me excusé diciendo que estaba cansada. ¿Qué iba a hacer? ¿Ponerme a tejer? ¿Arrendarles una habitación?

Habrá que acostumbrarse, lo sé. No le puedo pedir a todo el mundo condescendencia con mi corazón. O ausencia de este. Si yo no entiendo a la mayoría de las personas, no voy a esperar que ellos sean empáticos conmigo. Sólo pido paciencia a mis amigas si les digo que no quiero salir con ellas y sus novios y que no se lo tomen a mal. No quiero herir susceptibilidades, sólo dejar en claro que a veces, no se puede manejar el amor ajeno cuando una está recién reconstruyendo el amor propio.

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