Cómo me obsesioné con crossfit

Por Mao Reyes 

No sé qué pasó este año. Intento recordar cómo era mi vida antes del crossfit, pero no me acuerdo mucho. Es como si fuese un virus que se comió mi cerebro y ahora sólo puedo hablar y pensar de crossfit.

Lo peor: me encanta.

En marzo comencé a ir a un box de crossfit, motivada por mi pololo, quien hace rato quería empezar a entrenar más pesado. Lo seguí de mona, había visto los Crossfit Games del 2015 y tenía ganas de saber cuán terrible era hacer ese deporte. Una parte de mi cabeza decía “se ve rico, te va a gustar”, mientras que el resto me decía “tienes asma, te vas a ahogar”.  Spoiler: pasaron ambas.

¿Qué carajo es crossfit?

Wikipedia lo explica de manera simple:

El CrossFit es una técnica de entrenamiento que encadena movimientos de diferentes disciplinas al mismo tiempo, tales como el levantamiento de pesas, el entrenamiento metabólico o el gimnástico. La meta es desarrollar las capacidades y habilidades humanas: resistencia cardiovascular y respiratoria, resistencia muscular, fuerza, flexibilidad, potencia, velocidad, agilidad, coordinación, equilibrio y precisión. Exponiendo a la persona a tantos escenarios y combinaciones de movimientos como sea posible se logra una adaptación que la prepara para lo desconocido y lo poco probable.

Antes de ir a mi primera clase ya llevaba un buen rato entrenando en casa, haciendo HIIT (High Intensity Interval Training) y por un momento pensé que eso sería suficiente para pasar sin dolor las primeras semanas. Error. Aunque entrenar antes me ayudó a tener aguante y una idea básica del trabajo con pesas y barras, hacer crossfit es otra cosa. Te lleva a tu límite. Creo que en parte eso es lo que lo hace adictivo,  que constantemente estás sobrepasando lo que pensaste que podías hacer y ser la mejor versión de tí se convierte en tu norte. De pronto ya no se trata de bajar de peso, se trata de sacar los movimientos.

Cuando llegó el momento de aprender a trepar la cuerda se convirtió en mi obsesión. Las primeras dos clases no me salió, pero para la tercera ya llevaba 3 meses como alumna regular y lo tomé como un fracaso cuando no pude llegar arriba. Fue tanto que durante esa semana me quedé todos los días al menos media hora practicando la tomada de la soga con los pies y la bajada (que era mi miedo máximo).  Hasta que me salió y casi lloré de la felicidad.

Sorry not sorry

La Mao del colegio jamás intentó subir la cuerda, de hecho evité a toda costa hacer la clase de educación física. Pero ahora con Crossfit no quiero parar. Cada movimiento que no me sale como quiero es una obsesión a superar. Busco hacer pesos máximos de cada levantamiento posible y los anoto para ver cada cuanto tiempo logro superarme. Sí, así de ñoña.

Y mis amigos como que ya no me soportan mucho, porque soy super monotemática y los intento llevar por el camino del crossfit, ofreciendo las clases de prueba, ayuda y asesoría. Lo terrible es que logré llevar a una amiga y ahora raya igual que yo.  De hecho, la convencí de quedarnos y hacer aún más entrenamiento después de clases.

El crossfit me cambió la vida. Ahora sé que puedo ser más de lo que pensaba. Y no lo digo por el cliché, lo digo porque es real, en 6 meses he logrado cosas que jamás ne la vida imaginé: me puse de cabeza, levanté más de mi propio peso, subí la cuerda sin caerme, logré correr sin ahogarme y ya ni siquiera ando con mis inhaladores para el asma.

Me gustaría que más personas lo intentaran, no por la bajada de peso (que ha sido real y notoria), sino porque crossfit saca lo mejor de uno. Apoyas a los que están sufriendo, ellos te apoyan a ti, te esfuerzas hasta que ya no das más y llegas a tu casa sintiéndote orgulloso de todo lo que hiciste.

¿Algún crossfitero por acá que comparta la obsesión? que comente abajo para no sentirme tan sola y loca…

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