¡Maldito Walt Disney!

Por Elena

Mucho ya se ha dicho sobre todo el daño que las películas de princesas, clásicos de Walt Disney, nos han hecho a las mujeres a lo largo de los años.

Ya tenemos todas claro que cada VHS- ¡ahí va mi carnet!- que nuestras madres nos arrendaban en el video club de la esquina para pasar los fines de semana de invierno, generaron en nuestras tiernas y virginales mentes un sin fin de constructos sociales aprendidos que se fueron desarrollando como estructuras predeterminadas de lo que una relación debe ser, alejándonos infinitamente de lo que la vida en pareja realmente es.

Pero siempre se puede decir un poco más.

Decir por ejemplo: ¡púdrete en tu témpano de hielo Walt! junto con todos los príncipes que nunca existirán y que creaste para hacerte millonario, junto con nuestros terapeutas.

Esto podría ser liberador.

Mi película favorita a los seis años era La Sirenita y sí, siento que me marcó en mis relaciones de pareja. Hagamos un poco de memoria colectiva, La sirenita se llamaba Ariel y era princesa del océano, junto a sus otras 5 hermanas sin nombre y sin mucha incidencia en la película. Ella lo tenía todo para ser feliz, un mejor amigo pez, una gaviota media loca, un papá con un tridente y bíceps descomunales cual atleta adicto a los esteroides que podía darle todo, menos lo que ella quería: libertad.

Sí, me suena. Aunque mi papá no tiene músculos ni sabe karate, pero tiene un bate en la casa para esos casos.

Ariel era una princesa que no era feliz en su mundo y por seguir sus sueños siempre se metía en problemas. Era insolente con las figuras de autoridad y cuando se enamoró dio lo más preciado que tenía- su voz, no su flor- con tal de tener piernas para poder salir persiguiendo al príncipe Eric.

A ese mal parido que, como hombre, tenia que esperar a que ella renunciara a su vida entera para siquiera fijarse en ella, y aún después de ese significativo hecho, estuvo a punto de casarse con la bruja, porque no era capaz de reconocer a la mujer de la que estaba enamorado.

Hombre tenía que ser…

Ok, ese último párrafo nació de la herida y no refleja mi pensamiento normal o regular. Si es que en algún momento he tenido una idea lo que se llama normal. Mejor retomar la idea de que la película.

En mis dos relaciones importantes hice la misma estupidez que la Sirenita, jugándomela por el hombre que amaba y quedándome sola al final de la historia. En el prime caso, sin trabajo, sin dinero y en una ciudad desconocida. En la segunda, con una cantidad de deudas de teléfono que hasta hoy me pena en el bolsillo y sin esperanzas de volverme a enamorar.

A los dos les di todo lo que tenía y más. Y los dos me dejaron.

Yo debería jugar al loto, al Kino o a cualquier concurso en el que sorteen plata, porque con la mala suerte que tengo en el amor ya debería ser millonaria.

Me pregunto si las minas a las que les gustaba la Cenicienta cuando chicas, ahora están obsesionadas con que sus novios les compren zapatos. O si mis amigas que eran fanáticas de la Bella y la Bestia conversan con las tazas para el té y tienen novios de hermoso corazón y cara peluda.

Me pregunto si algo habría cambiado en mi vida si mi película favorita hubiese sido La Bella Durmiente y no La Sirenita cuando tenía seis años. O si en lugar de ver los VHS de princesas que me llevaba mi mamá hubiese visto películas de Jackie Chan.

Pero mi generación sufrió el bombardeo de princesas y los constantes estrenos de películas de amor, tema que me molestaba un poco, pero que no cuestioné. Lo que más me estresa es que hasta hoy las señoras usen la excusa de que las niñas tienen que ver esas películas porque sueñan con ser princesas. Al menos yo no recuerdo haber querido ser princesa a los 6 años, lo mejor que tenía Ariel era que la cola de pez y no ahogarse bajo el agua. Y el pelo rojo, look que le copié por varios años de mi adolescencia.

Sí, puedo culpar a Walt Disney de algunos de mis comportamientos erráticos, pero sé que las decisiones son mías, independiente de las ideas que sus películas plantaron en mi cabeza cuando aún no sabía que eso se podía hacer.

¿Y ustedes de que pueden culpar a Walt? ¿Alguna tiene una extraña obsesión por los enanitos en grupos de 7? ¿O con inmigrantes gringos de nombre John? ¿Tal vez con dormir y que un príncipe te despierte con un beso? ¿O alguna es como yo y quería ser medio humano medio atún?

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