Las rupturas de los famosos (o la envidia mata)

Por Elena

Hay momentos en los que envidio a la gente con plata. La verdad, son muchos momentos, en especial cuando quiero comprar algo y veo el saldo en mi tarjeta. Pero aparte de las cosa que ellos se pueden comprar y yo no, está esa maravillosa forma de enfrentar los problemas que ellos tienen y que se ve mucho más sana, o al menos más interesante de cómo yo puedo hacerlo.

De viaje por el mundo.

Años sabáticos.

Reinvenciones en el Tibet.

Encuentros místicos.

Fiesta eterna.

El otro día estaba escuchando un programa de farándula mientras hacía la cena-para uno- en el que dieron un recuento de rupturas de famosos y recordaron la del Negro Piñera con la Belencita. Y entre tanta estupidez que se decía sobre el amor, las infidelidades y las promesas de confianza eterna, una frase capturó totalmente mi atención y me alejó de la carne mongoliana.

Si usted no lo sabe o no recuerda el drama, se lo resumo: La Belencita dejó al Negro después de cómo 9 años de relación y él quiere volver con ella, pero ella lo acusa de ser demasiado celoso. Pero eso no es lo importante, lo clave aquí es lo que dijo la protagonista del drama.

Que para superar la ruptura se va a ir al caribe.

Y me corroyó la envidia inmediatamente.

Qué fácil que suena decir “No, es que esto me duele mucho, así que mejor me voy un mes, o mejor dos meses a Playa del Carmen /Cozumel/ Hawaii/ Cancun o donde sea, voy a irme de fiesta todas las noches y voy a pasar todos los días en la playa hasta superar el dolor”.

Y una que con suerte se va a la chucha.

Recuerdo que hace un par de meses leí una entrevista a Ricky Martin en la que comentaba que tras una ruptura amorosa que lo dejó pésimo, se fue de viaje seis meses a la India, para volverse a encontrar y a rearmarse. Que rico tiene que ser poder ponerle pausa a todo y concentrarse en uno. Poder armar las maletas y salir a enamorarse de uno nuevamente en un escenario distinto.

Y que envidia eso de poder dejar las cosas en stand by y no tener que hacerse la fuerte para enfrentar al mundo. No tener que ponerle la sonrisa falsa al todo el mundo para que no te hagan aquella fatal y patética pregunta : “¿Qué te pasa?”.

¿Cuántas veces señor lector, no ha sentido la necesidad imperiosa y poderosa de golpear al interlocutor que formula esa pregunta weona cuando uno no puede evitar la cara de mierda por pena o rabia?

Igual me da un resto de pica pensar que hay gente en este universo que tiene la posibilidad de saltarse todo eso: saltarse el seguir adelante con la vida con el corazón roto, seguir con la rutina, porque pueden inmediatamente después, generar una nueva rutina temporal para pasar de otra forma el dolor.

Que ganas de ser millonario. Que ganas de hacer un viaje tipo “Comer, rezar, amar” y recorrer Europa con mi cámara fotográfica, conocer gente- si, lo sé, yo queriendo conocer gente, una idea loca y nunca antes vista- visitar lugares hermosos y poder ir dejando el corazón roto en el olvido.

Pero no, me tocó a lo pobre no más. Igual creo que es mejor… dijo la envidiosa. Claro, porque así se cría carácter, enfrentando las cosas y no huyendo a playas de arenas blancas y aguas tibias, con surfistas, con mucho alcohol y fiestas nonstop. No, eso no es ser buena persona. Eso es ser cobarde.

Suena rico ser cobarde con plata, eso sí. Pero mejor quedarse en la casa y lidiar con los recuerdos, con el derrumbe completo, para después ser capaces de dar vuelta la página de una vez y para siempre, como quien termina de leer un libro y comienza desde cero uno nuevo.

Tengo la sensación de que ese último párrafo es lo más positivo que he escrito en toda mi vida. Y nació del sarcasmo. Como todo en mi existencia supongo.

No puedo irme al caribe a olvidar a mi ex, pero pude cambiarme de trabajo. Eso si es un cambio. Ahora le pregunta es: ¿Usted pudo alejarse de todo un tiempo cuando quedó destruido/a o le tocó enfrentar el mundo con la sonrisa falsa y haciéndose el/la valiente? ¡Cuéntame como superaste tu ruptura!

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