La nostalgia (a veces el tiempo pasado no fue mejor)

Por Elena

Ustedes ya saben que de cuando en vez hago cosas un tanto estúpidas, ¿cierto? Entonces se los diré sin rodeos. La semana pasada hablé con mi ex. Y no sólo hablamos, sino que tuvimos una conversación relativamente amena y agradable. De hecho hasta me reí un par de veces.

Mis amigas casi me mataron cuando les conté, poco menos me hicieron jurar que nunca más lo haría, me recordaron una a una las entradas de esta columna y revivieron por un momento todo el odio, despecho y resentimiento que tenía contra el colombiano que me rompió el corazón.

– Si terminaste con él es para no hablar más, cualquier conversación que tengan, por muy simpática que sea, de lo único que servirá es para hacerte daño y no quiero volver a verte mal- me dijo Caro en cuanto le conté.

Pero ese fue el tema, no me hizo mal. Al menos no en el momento.

Y es que la verdad es que una parte de mi extraña a mi ex, pero no como pololo, sino como amigo. Es que nosotros fuimos yuntas por demasiado tiempo y hubo una buena parte de mi vida en la que sólo con él conversaba de todo. Teníamos esa complicidad que sólo da el conocer al otro como la palma de tu mano y a ratos extraño eso.

Claro, eso no significa que quiera ser su amiga ahora ni nada por el estilo. Creo que significa algo aún peor- o mejor, no lo sé.

Creo que este estado mental significa que lo perdoné.

No esto diciendo que volvamos a llevarnos bien, sólo que después de meses de sólo recordar lo malo y tener la peor imagen del hombre que una vez amé, puedo tener una esporádica conversación cordial con él sin querer matarlo ni desearle mal.

Y se me hace raro. No pensé que llegaría a este estado bizarro de la sanación. Lo que más me sorprende es que no puedo pensar de la misma manera con “Mauricio”, mi otro ex. El otro día facebook me lo sugirió como amigo y de puro copuchenta me puse a revisar su perfil, o lo que tenía para ver. Y de manera automática me crispé como gato enojado y me dieron ganas de tenerlo en frente para reventarle la entrepierna a patadas. Hijo de perra.

¿Se dan cuenta? Si sólo mencionarlo me saca de mi estado super mega zen para pasar a Elena y la furia, el odio y el rotundo “a ti jamás te perdonaré mal parido”, ni pensar tener una conversación decente con él.

Ana estaba conmigo cuando hablé con mi ex y me acompañó en el desmembramiento y análisis total de la situación. Su conclusión fue rotunda: “se acerca la fecha en la que comenzó su crisis, está comprobado que cuando se acercan fechas importantes en relaciones pasadas las personas se ponen nostálgicas”.

¿Tengo nostalgia? Eso parece.

Y por primera vez estoy recordando lo que fue lindo de mi relación con mi ex. No deja de ser raro y no quiero acostumbrarme. No quiero mirar al pasado pensando que fue un tiempo mejor, porque no lo fue, sólo es tiempo pasado, no olvidado, pero superado. Tengo claro todo lo que pasó, lo bueno y lo malo. Tan sólo que ahora, como nunca antes, lo malo no supera a lo bueno, sino que están a la par.

Con Alan fuimos muy felices, luego fuimos muy infelices y luego simplemente nos fuimos por caminos separados. ¿Me gustaba mi vida con él? Claro que sí, amaba los planes, amaba las conversaciones, lo amaba a él. Pero ahora amo a alguien que es mucho más importante: me amo a mi. Amo mi vida, lo que hago, aun cuando no sé bien para donde voy. Amo las cosas pequeñas de mi vida, a mis amigos, a mi gata, hasta mi departamento, como nunca antes. Amo el hecho de que tengo más que una casa, un hogar y un refugio personal.

Puede que esté en una etapa full nostalgia, pero eso no significa que esté retrocediendo, es más, creo que significa que estoy procesando todo lo que aprendí en este año.

Creo que esto significa que ya no quiero que se le caiga la tula por gangrena ni que le rompan el corazón como él me lo rompió a mi. Tampoco estoy diciendo que quiera que sea el sol en la vida de alguien más. Sólo que ya no lo odio. Y eso aun se me hace raro.

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