Estúpida y sensual primavera

Por Elena

Falta menos de un mes para que comience esa horrible época del año. Los aromos ya florecieron en el parque cerca de mi casa y hasta ha hecho calor un par de días. Son dos señales que me dejaron claro que hay que esperar lo peor y juntar miedo.

Mis estimados, prepárense. Se nos acerca a pasos agigantados la primavera.

La primavera y yo somos enemigas declaradas. Nunca nos hemos llevado bien, ni cuando era niña y me llenaba de granos al primer indicio de polen dando vueltas en el aire. Mucho menos cuando ya crecí y todos comenzaban a pololar y yo estaba forever alone en mi casa viendo tele o aguantándome a las parejas en cualquier parte.

Imagínense entonces la poca gracia que me hace la mugrosa primavera ahora que soy un estandarte en mal genio, cuando aún no comienza y ya florece el sucio amor y yo ya tengo ronchitas en los brazos.

A todo esto y hablando de romances primaverales ¿Qué carajo tiene la gente en la cabeza que los obliga a andar mostrando al pololo nuevo en todas partes? ¿Se han dado cuenta?

Comienza la primavera, nace el amor, o les llega la calentura y la gente anda en pareja como si fuese la última moda. Es como si sus relaciones no fuesen reales hasta que no agarran en un parque/metro/calle/pub/on my fucking face a vista y paciencia del resto de la humanidad. O aun peor, hasta que no te los presentan.

Sí, Elena la poco tolerante ha vuelto y viene con todo contra la estúpida y sensual primavera.

Todo este pupurrí desesperante viene incluido en el paquete primaveral, junto con las alergias, el frío calor y la absurda tendencia a glorificar esta época del año hacen de la primavera los peores tres meses para ser soltero.

A lo mejor Yuri no lo dejó claro con eso de Maldita primavera. De hecho, se me vienen muchos otros adjetivos – aparte de estúpida y sensual- que podrían caracterizarla a la perfección.

Ahora bien, tengo que dejar en claro que mi repugnancia por esta época era mucho más fuerte y profunda cuando estaba en el colegio, potencialmente debido a las pumillas de los sauces que me volvían loca y a que mis compañeras le ponían demasiado ahínco a eso de que la primavera es la época del amor y todas siempre tenían un nuevo enamorado, les diera bola o no.

A veces pienso que todos mis problemas comenzaron en el colegio. ¿Qué carajo tiene la primavera que hace que todo el mundo quiera estar enamorado?

Bueno, todo el mundo excepto yo al parecer. ¿Es por que el sol y el florecer de las plantas conllevan intrínsecamente y casi por naturaleza a que macho y hembra se junten? ¿Es por que hay un modelo establecido que tenemos tan metido en la cabeza que tenemos sí o sí que llevarlo a cabo, aun contra de nuestro pensamiento? ¿Es por que así tiene que ser y nada más?

Recuerdo con vergüenza las primaveras en las que he estado enamorada y me desconozco. Es más, me niego a profundizar en el tema, porque si hay algo terrible en esta vida es recordar esos momentos en la vida en los que una se ha parecido a la gordita de Carrusel y ha encontrado todo romántico y bonito. A prueba un botón: una primavera que estaba enamorada, mi pololo de la época me regaló una rosa azul y yo, en el estado febril primaveral en el que me encontraba, la guarde y la sequé para mantenerla por siempre.

No me enorgullece. Es más, ahora lo admito: me cargan las rosas azules, las encuentro lejos lo más chulo en flores. Y eso que el azul es mi color favorito.

Así que no, me rehúso a caer en la efervescencia primaveral, con todo lo que ella incluye. Prefiero quedarme con mis alergias aún no definidas que brotan una vez a la semana antes de que me salgan corazones por los ojos.

¿No hay un refrán que diga algo como Amor de primavera no es más que una mugrosa quimera o algo así? Por que si no hay, yo lo patento. Definitivamente.

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