El parto de la copita

En la primer semana de prueba usando la copita, se cumplió mi más grande temor y no me la pude sacar. No fue sólo que no me la pudiera sacar, es que no la alcanzaba.

Entré en pánico y me puse a revisar en internet (que todo lo sabe) como sacarme la copita, y además hice un mega esfuerzo por no ponerme a llorar sola en el baño. Por un buen rato, entre que intentaba calmarme, me imaginaba en urgencias explicando mi problema y unas pinzas gigantes sacándome la copita a las 3 am después de doce horas esperando. Me daba pánico decirle a cualquier persona. Incluso a mi mamá.

El gran consejo de internet fue que me relajara (ja!) y que pujara, como si estuviera en un parto. La idea me quedó super grande porque nunca he tenido un parto.

Terminé metida en la ducha pujando por intervalos regulares, como en las películas. Pujaba y descansaba, hasta que logré tomar el “palito” de silicona que tiene al final y pude sacarla. Y sólo me demoré media hora.

Eso pasó en mi primera semana de uso de la copita, pero no dejé que me desanimara. Terminé ese periodo con toallitas y al otro mes volví con la copa y no paré más. Ta van 3 años de eso y no me arrepiento de nada.

 

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