De exorcismos y dejar ir

Por Elena

Hay momentos en los que volver a escuchar las canciones que te recuerdan a un ex ya pasa de ser un acto de masoquismo y se convierte en un deber, en especial cuando es música que te gustaba de antes y que quieres volver a disfrutar.

Esto es aplicable no sólo a música, sino que a gente, a películas o a lugares. Me explico. A veces es bueno dejar ir los malos recuerdos y volver al estado neutral de las cosas. A que la música, para retomar el ejemplo, vuelva a ser sólo eso, una canción, o un buen disco o una banda que te gusta y dejar de pensar en los recuerdos que te trae. Dejar de unir y de hacer conexiones que con el tiempo no son ni sanas ni necesarias.

Sí, lo sé, es raro que yo lo diga, pero es cierto.

Hubo una época en la que era incapaz de ver alguna película protagonizada por Adam Sandler, porque mi primer ex se parecía a él, de hecho lo molestaban mucho con Little Nicky, que justamente siempre fue una de mis películas favoritas.

Ahora que lo pienso, no es una buena comparación… ¿en qué carajo estaba pensado?

Retomando el tema, el hecho fue a tal extremo que una vez que terminamos no pude ver 50 primera citas en casi un año, porque además la canción Wouldn’t it be nice de los Beach boys me lo recordaba (jamás entendí por qué si nunca me gustó ese grupo), así que estuve condenada a llorar cuando me pillaba alguna escena de la película en la tele o la canción en la radio o cualquier cosa que tuviera que ver con Sandler.

Pero cuando el tiempo pasa es bueno hacer exorcismos. Sacar los demonios de las cosas y hacer que vuelvan a su estado natural. Wouldn’t it be nice es uno de mis placeres culpables y está en mi playlist para caminar rumbo al trabajo, porque ahora, por alguna extraña razón, me provoca caminar contenta…

Esto no es aplicable a las cosas que por su naturaleza sólo tienen que ver con alguna relación terminada, sino que sólo a esas cosas que a uno le gustaban antes y quiere volver a disfrutar.

En mi caso, aparte de Adam Sandler, por fin pude finalmente volver a Juan Valdez y eso me hizo muy feliz. Toda mi vida he sido adicta al café y, para mi mala suerte, el mejor café que he probado hasta el momento es el colombiano, eso no lo voy a negar sólo porque mi ex sea de ese país. Claro, por varios meses le hice el quite a la tienda que me queda cerca del trabajo, porque se me hacia masoquista entrar a comprar mi capuccino vienés y que más encima, con la suerte que tengo, soportar que me atendiera un colombiano con ese acento tan conocido para mi.

De eso hace ya varios meses. En junio volví. Y no sólo volví, sino que lo disfruté. Tuve unos de esos momentos de iluminación mental, potenciado por la invitación de un amigo, que me invitó a un café. Y, tengo que asumirlo, fue una invitación que ni siquiera intenté negar. Me hacía falta mi café, mi momento, mi espacio y salir. Al carajo con los recuerdos, buenos o malos, a mi me gusta ir a JV a tomar café y no tengo porque dejar de hacerlo sólo porque tocó la mala suerte que mi ex tenga estrecha relación con el origen del grano.

Ahora voy siempre y nunca más me ha recordado al susodicho.

Tengo una amiga que después de terminar con un pololo no pudo volver a comer sushi y era una de sus comidas favoritas. Cada vez que la invitaba me decía que no, que no podía, que eran demasiados recuerdos en una tablita con rolls, más de los que podía soportar. Eso fue hasta que un día llegó a mi casa y habían dos porciones sobre la mesa y no se pudo negar. Finalmente el que algo te recuerde a alguien no significa que no lo puedas volver a hacer o que no lo vayas a volver a disfrutar. Si ya no quieres pensar en eso, lo más sano es crear nuevos recuerdos para volver a encantarte.

Desde ese día el sushi es nuestra tradición y lo pasamos demasiado bien comiendo california rolls haciendo resúmenes bisemanales de lo que nos pasa en nuestros martes femeninos.

Y es que llega ese momento en el que uno dice “suficiente” y yo ya tuve suficiente. La vida sigue y si uno no la disfruta, los días pasan más lento y las semanas se hacen amargas. Y si hay algo que no quiero ser es una veinteañera amargada incapaz de disfrutar de mi día a día porque estoy llena de recuerdos que no me ayudan en nada.

Así que si usted tiene alguna banda o una película o un lugar que le traer malos recuerdos, pero que en el fondo quiere volver a disfrutar, hágase todo el ánimo un día, invite a algún amigo y empiece a hacer nuevos recuerdos. Se lo recomiendo honestamente, funciona y uno se siente mucho mejor después de lograrlo.

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