De conquistas y conquistados (guía de una mala seductora)

Por Elena

Hace unos días me di cuenta de algo sobre mi que no sabía. Estaba tirada en la sillón viendo las primeras temporadas “How I met your mother”, pasando por primera vez en mucho tiempo el sábado en casa y de pronto me descubrí totalmente hipnotizada por Barney Stinson.

Me reía de todos sus chistes, de todas las estupideces que hacía y hasta pensé “Que ganas de encontrar un hombre como él”. Insisto… BARNEY STINSON, WTF?

Y ahí fue cuando la verdad me golpeó en la cara como el calor sofocante te pega y asfixia al abrirse las puertas de un vagón del metro en hora punta.

Me gustan los hombres que me hacen reír.

Y eso viene a explicar porque me ha gustado un variopinto tan… bizarro de hombres a lo largo de mi vida, cuyo único denominador en común es que me han hecho reír.

Realmente el buen humor es más que necesario a la hora de la conquista. Si hay algo que me desespera y me mata cualquier pasión es un hombre serio, de esos densos que se toman todo muy en serio. Hace años que dejé de tomarme la vida en serio, desde que me di cuenta que era una perdida de tiempo, tomando en cuenta que es algo de lo que no voy a salir viva.

Es gracioso cuando te pones a pensar en las formas en las que te han robado el corazón en la vida… que expresión más cursi. Claro, ahora entiendo muchas cosas, pero usted lectora, lector ¿se ha puesto pensar en cómo es que lo han seducido?

Una mujer puede decir cosas clásicas, como que le gustan los hombres detallistas, que le de una rosa cada día, que le diga cosas tiernas, que la invite a salir y que sea muy atento, como los clásicos galanes a la antigua. Yo me conformo con un buen par de bromas y una conversación amena. Ven, no soy tan complicada.

Hay otras mujeres que prefieren los hombres más brutos, esos que – sin ser violentos- exudan testosterona y son salvajes, como hombre primitivo. A esos los prefiero en fotografías posando en jeans ajustados y sin camisa al lado de un tractor mirando a la cámara con ojos de seductor. Y, como pasarlo por alto, están las mujeres que caen rendidas a los pies de los hombres sensibles, poetas, que son mucha palabra y muy poca, o muy lenta acción.

Es cierto que de repente una puede caer por cualquiera de esos si hay química, no es una categorización excluyente. Pero cada una tiene tendencias.

Ahora bien, así como hay hombres que tienen maneras distintas de llamar nuestra atención, nosotras también tenemos variadas formas de hacer lo mismo. Y es ahí donde yo me declaro total, completa y absolutamente perdida e incompetente.

Soy de esas mujeres que no saben que hacer cuando alguien les gusta y que, lamentablemente, opta por la opción más simple y que no siempre trae buenas consecuencias: Ser una misma. Y eso, al parecer, en mis veintiséis años de vida, no me ha traído los mejores resultados, porque tal y como les he comentado en otras entradas, termino atrayendo a puros pelmazos.

Hay una gran parte de mi que envidia sanamente- y a veces no tanto- a esas mujeres que “donde ponen el ojo ponen la bala” y son capaces de postrar a sus pies al hombre que les da la gana. La verdad es que no sé como lo hacen, pero al parecer ellas leyeron un manual de acción en algún momento de la vida que no estaba disponible en la biblioteca cuando me tocó el turno.

Soy un desastre a la hora de estar con alguien que me gusta, termino hablando demasiado y generalmente haciendo el peor de los ridículos.

Pienso en esas mujeres que tienen la misma edad que yo y que de verdad parecen mujeres, que usan tacos y vestido y que son capaces de detener las conversaciones de un bar y hacer que todos se den vuelta a mirarlas cuando entran. No sé si estoy muy del carajo, pero a veces me cuesta asimilar la edad que tengo, tal y como les he comentado antes, y se me hace difícil visualizarme a la par de esas mujeres. A su lado, me parece que aún tengo los pantalones rasgados, la polera de Megadeth y la franela en la cintura como cuando entré a la u.

Eso explicaría porque tengo tantos problemas a la hora de “seducir” a un macho alfa lomo plateado que me llame la atención.

Forever alone para mi.

He intentado asimilar algunas técnicas de seducción de Samantha Jones, de Sex and the city, pero seamos realistas, a ella le resulta todo a la perfección, porque es parte de un escenario ficticio en una realidad alterna. Esas cosas no pasan en la vida real, en contradicción con lo que el comercial de TNT intenta vendernos.

¿Qué hacer entonces? Me consuela saber que esas personas que tiene su técnica de seducción eventualmente tienen que ser ellas mismas y que, en algunos casos, la diferencia es tan grande que todo el esfuerzo puesto termina por ser inútil.

Por eso prefiero ser yo la mayor parte del día- exceptuando las reuniones con los jefes, en las que tengo que ser una versión más “pulida” de mi misma- y esperar que eso traiga finalmente una buena recompensa. No puedo pasarme el día siendo la dama en apuros de un príncipe que puede llegar, así como puede que no. Tampoco puedo pasarme las semanas jugando a ser la Lolita que busca su futuro ex pololo o la intelectual que quiere atraer a un pseudo artista que, la verdad, no va conmigo.

Supongo que, tal y como dice el nombre de mi columna: soy todo eso y mucho más. Bastaría con ser yo para que alguien que valga la pena se de cuenta de eso.

A ustedes ¿cómo les gusta seducir? ¿Tienen sus técnicas? ¿Vale la pena jugar a ser alguien más o mejor ir de frente por la vida y no jugar roles, al menos no fuera de la pieza? ¿Y qué los atrae del sexo opuesto? ¿también les gusta que los hagan reír o tienen otro punto débil?

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